Montre-Moi Ce Que Tu Vois De L´Autre. Que je ne Vois Pas

Muéstrame lo que tu ves del otro. Que yo no veo (Casa de estudiantes de la Sorbonne) Paris

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», … «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines

uno en la noche,uno al despertar, uno soñando una mitad  uno asustado,uno y su dolor,uno queriendo ser dos uno desierto,uno mar azul, uno en el filo,uno inquietud,
uno buscando,uno desamor, uno queriendo ser dos donde estaré mañana
donde estarás mi amor bajo el sol abrázame fundidos los dos en un corazón uno dudando si hay o no verdad uno mil veces soledad uno escuchando a su corazón
uno queriendo ser dos donde estaré mañana donde estarás mi amor
bajo el sol abrázame que sé que tu y yo podemos ser dos que se que tu y yo
podemos ser dos fundidos los dos en un corazón uno mentira,uno realidad
uno la herida y la sal uno pregunta sin contestación uno queriendo ser dos donde estaré mañana donde estarás mi amor bajo el sol abrázame que sé que tu y yo
podemos ser dos que sé que tu y yo` podemos ser dos
fundidos los dos en un corazón que sé que tu y yo podemos ser dos fundidos los dos
en un corazón
noah

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“Que repitan que todo irá bien…”

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Faro de Navidad Cartagena

“El señor Trianón se instaló en un taburete, de espaldas al público, alzó una especie de varita con una lucecita roja intermitente en un extremo, se hizo el silencio y empezó el recital.
Cada vez que ocurre, es como un milagro. Toda la gente, todas las preocupaciones, todos los odios y todos los deseos, todas las angustias, todo el año de colegio con sus vulgaridades, sus acontecimientos menores y mayores, sus profes, sus alumnos abigarrados, toda esa vida en la que nos arrastramos, hecha de gritos y de lágrimas, de risas, de luchas, de rupturas, de esperanzas frustradas y de suertes inesperadas: todo desaparece de pronto cuando el coro empieza a cantar. El curso de la vida se ahoga en el canto, de golpe hay una impresión de fraternidad, de solidaridad profunda, de amor incluso, que diluye la fealdad cotidiana en una comunión perfecta. Hasta los rostros de los cantantes se transfiguran: ya no veo a Achille Grand-Fernet (que tiene una bellísima voz de tenor), ni a Déborah Lemeur, ni a Ségoléne Rachet, ni a Charles Saint-Sauveur. Veo seres humanos que se entregan en el canto.
Cada vez ocurre lo mismo, siento ganas de llorar, tengo un nudo en la garganta y hago todo lo posible por dominarme pero, a veces, me resulta muy difícil: apenas puedo reprimir los sollozos.
Entonces, cuando cantan en canon, miro al suelo porque es demasiada emoción a la vez: es demasiado hermoso, demasiado solidario, demasiado maravillosamente en comunión. Dejo de ser yo misma, paso a ser parte de un todo sublime al cual pertenecen también los demás, y en esos momentos me pregunto siempre por qué no es la norma de la vida cotidiana en lugar de ser un momento excepcional.
Cuando la música enmudece, todo el mundo aclama, con el rostro iluminado, a los integrantes del coro, radiantes. Es tan hermoso.
A fin de cuentas me pregunto si el verdadero movimiento del mundo no es el canto.”

Saltan chispas, mis dedos contra el papel

lo confieso , no puedo disimular,
cuando parpadea el brillo en mis ojos
y si arquea las cejas que empapan con fuerza.

el sudor , que recorre sin perder,
ni un segundo , cada esquina de mi piel ,
lo confieso , no me aguanto en soledad,
necesito que me rocen los demás…

Duele dentro , me perdí y no me encuentro
en esta ciudad que me parece tan inmensa
y yo me siento tan pequeña
y me enfado , me enrabieto, me cabreo
pierdo cierta compostura
quiero todo siempre aquí y ahora
y no se ni por donde empezar

que se huele el miedo
que come por dentro todas las ilusiones que tengo
que salgan arrugas en las comisuras de tanto reír
que vuelvan a verme buenas vibraciones
que repitan que todo ira bien
que me eches de menos
que en la vida me quiera bien

saltan chispas demasiado que observar
lo confieso , no puedo disimular
quiero mantener la mirada que cruza
y pensar que puede haber detrás de los rostros
que se van sin parar a imaginar
de donde vienen los quejidos del penar
reconozco que ya ni me conozco
busco el fondo
indeciso, oscuro y hondo

duele dentro , tengo frio
y no caliento ni los dedos de mis pies
ni la lengua ni mis labios
ni las huellas de mis manos
e insisto y resisto no desisto
quedan toallas prefijadas
saco pecho y clave los dientes
el sendero ya comenzó

que se huele el miedo
que come por dentro todas las ilusiones que tengo
que salgan arrugas en las comisuras de tanto reír ( ja ja )
que vuelvan a verme buenas vibraciones
que repitan que todo ira bien
que me eches de menos
que en la vida me quiera bien

la la la laaaa ……..

ya me obligo yo a usar mis dedos
en los versos que te escribo
pa´ que ignore los teclados
que me acercan a tu voz

que se huele el miedo
que come por dentro todas las ilusiones que tengo
que salgan arrugas en las comisuras de tanto reír
que vuelvan a verme buenas vibraciones
que repitan que todo ira bien
que me eches de menos
que en la vida nos quiera bien

saltan chispas
saltan chispas
saltan chispas
saltan chispas

María Rozalén

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El Último Adiós

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“Mira”

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“Ante los ojos de la memoria, sobre la mesa… se materializa la pequeña bola de cristal. Cuando nos habíamos portado bien, se nos permitía darle la vuelta y sostenerla en la palma de la mano hasta que cayera el último copo al pie de la torre Eiffel cromada. Aún no había cumplido los siete años y ya sabía la lenta embriaguez de las pequeñas partículas algodonosas que hacen intuir lo que siente el corazón durante una alegría. La duración se ralentiza y se dilata, el ballet se eterniza en la ausencia de obstáculos y cuando se posa el último copo, sabemos que hemos vivido ese instante fuera de tiempo que es la marca de los grandes acontecimientos”

La elegancia del erizo de Muriel Barbery

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Summertime

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LOS AMANTES CIEGOS

Estaban ciegos los amantes,
están solos
mais tombait la beige
daba pena verlos cuando a solas hablaban
de estar juntos, y lloraban,
y adoraban la nada en el altar del amor.
Quand tu seras bien vieille
descubrirás que el tiempo
es única certeza, quema los rostros
y hace cenizas el alma
y que al final tan sólo la ilusión del recuerdo
te dirá que no estuviste, en aquel beso, solo.

Leopoldo María Panero (1948-2014)

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Las Llaves de una Pasión

2015-04-03 09.57.30

¿¿Qué libro se publicó el año en que naciste?Te gustaría saber qué libro o libros más influyentes y leídos se publicaron en el año que naciste?

A continuación un recorrido literario por el siglo XX.

1911 
El árbol de la ciencia de Pío Baroja

1912
La muerte en Venecia de Thomas Mann

1913
El jardinero de Rabindranath Tagore Hijos y amantes de D.H. Lawrence
Por el camino de Swann de Marcel Proust

1914
Dublineses de James Joyce
Niebla de Miguel de Unamuno
Platero y yo de Juan Ramón Jiménez

1915
La metamorfosis de Franz Kafka

1916
Retrato del artista adolescente de James Joyce

1917
Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga
La bendición de la tierra de Knut Hamsun

1918
Cuentos de la selva de Horacio Quiroga

1919
Demian de Hermann Hesse

1920
La edad de la inocencia de Edith Wharton

1921
La tía Tula de Miguel de Unamuno

1922
Ulises de James Joyce
Siddhartha de Hermann Hesse
El hombre que sabía demasiado de G.K. Chesterton

1923
Dersu Uzala de Vladimir Arseniev
Las aventuras del buen soldado Svejk de Jaroslav Hasek
Bambi de Felix Salten

1924
La montaña mágica de Thomas Mann

1925
El proceso de Franz Kafka
La señora Dalloway de Virginia Woolf
El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald

1926
El castillo de Franz Kafka
La bailarina de Izu de Yasunari Kawabata
Tirano Banderas de Valle-Inclán
La confusión de los sentimientos de Stefan Zweig
El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie

1927
El lobo estepario de Hermann Hesse

1928
Contrapunto de Aldous Huxley,
El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

1929
El ruido y la furia de William Faulkner
Adiós a las armas de Ernest Hemingway

1930
Mientras agonizo de William Faulkner
El hombre sin atributos de Robert Musil

1931
Gog de Giovanni Papini
Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri

1932
Un mundo feliz de Aldous Huxley
Los lanzallamas de Roberto Arlt

1933
La condición humana de André Malraux

1934
Trópico de Cáncer de Henry Miller
Huasipungo de Jorge Icaza

1935
Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges
Asesinato en la catedral de T.S. Eliot

1936
¡Absalón! ¡Absalón! de William Faulkner
Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell
Las paradojas de Mr. Pond de G.K. Chesterton

1937
El hobbit de J.R.R. Tolkien
Tener y no tener de Ernest Hemingway
País de nieve de Yasunari Kawabata

1938
La nausea de Jean-Paul Sartre

1939
Las uvas de la ira de John Steinbeck
Las palmeras salvajes de William Faulkner
El sueño eterno de Raymond Chandler
Trópico de Capricornio de Henry Miller
Diez negritos de Agatha Christie

1940
Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway
La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares

1941
Entre actos de Virginia Woolf
Los hijos de Matusalén de Robert A. Heinlein

1942
El extranjero de Albert Camus
Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline

1943
El juego de los abalorios de Hermann Hesse

1944
Ficciones de Jorge Luis Borges
El enano de Pär Lagerkvist

1945
Rebelión en la granja de George Orwell,
La colmena de Camilo José Cela

1946
Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo
El señor presidente de Miguel Ángel Asturias

1947
La peste de Albert Camus
La espuma de los días de Boris Vian
El diario de Ana Frank de Ana Frank

1948
Confesiones de una máscara de Yukio Mishima
El túnel de Ernesto Sábato

1949
El Aleph de Jorge Luis Borges
1984 de George Orwell

1950
Crónicas marcianas de Ray Bradbury
La vida breve de Juan Carlos Onetti
Yo, robot de Isaac Asimov
Barrabás de Pär Lagerkvist
El león, la bruja y el armario de C.S. Lewis

1951
Bestiario de Julio Cortázar
El principito de Antoine de Saint-Exupéry
El hombre ilustrado de Ray Bradbury
Molloy de Samuel Beckett
Malone muere de Samuel Beckett
El guardián entre el centeno de J.D. Salinger
Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar
Fundación de Isaac Asimov

1952
El viejo y el mar de Ernest Hemingway
Esperando a Godot de Samuel Beckett
Mil grullas de Yasunari Kawabata

1953
El llano en llamas de Juan Rulfo
Fahrenheit 451 de Ray Bradbury
El largo adiós de Raymond Chandler
El innombrable de Samuel Beckett

1954
El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien
El señor de las moscas de William Golding
El maestro de Go de Yasunari Kawabata
El rumor de la montaña de Yasunari Kawabata
Buenos días, tristeza de Francoise Sagan

1955
Pedro Páramo de Juan Rulfo
Lolita de Vladimir Nabokov
El fin de la eternidad de Isaac Asimov

1956
Final del juego de Julio Cortázar

1957
Fin de partida de Samuel Beckett
En el camino de Jack Kerouac
Doctor Zhivago de Boris L. Pasternak
El barón rampante de Italo Calvino

1958
Desayuno en Tiffany’s de Truman Capote

1959
Las armas secretas de Julio Cortázar
El tambor de hojalata de Günter Grass
La tregua de Mario Benedetti

1960
Matar a un ruiseñor de Harper Lee

1961
La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata
El astillero de Juan Carlos Onetti
Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato
Solaris de Stanislav Lem
Trampa 22 de Joseph Heller

1962
Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar
La naranja mecánica de Anthony Burgess
Los funerales de la Mamá Grande de Gabriel García Márquez
El hombre en el castillo de Philip K. Dick
Alguien voló sobre el nido del cuco de Ken Kesey
La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes
El siglo de las luces de Alejo Carpentier
El cuaderno dorado de Doris Lessing

1963
La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa
Rayuela de Julio Cortázar
V de Thomas Pynchon

1964
Lo bello y lo triste de Yasunari Kawabata
Una cuestión personal de Kenzaburo Oe

1965
Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante
El lugar sin límites de José Donoso

1966
Paradiso de José Lezama Lima
La casa verde de Mario Vargas Llosa
Todos los fuegos el fuego de Julio Cortázar
A sangre fría de Truman Capote
La subasta del lote 49 de Thomas Pynchon
Cinco horas con Mario de Miguel Delibes

1967
Cien años de soledad de Gabriel García Márquez
La broma de Milan Kundera
El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov

1968
Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick
2001. Una odisea espacial de Arthur C. Clarke

1969
Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa
Ubik de Philip K. Dick
El padrino de Mario Puzo
El mal de Portnoy de Philip Roth
Boquitas pintadas de Manuel Puig
Matadero cinco de Kurt Vonnegut
Hasta no verte Jesús mío de Elena Poniatowska

1970
El informe de Brodie de Jorge Luis Borges
Juan Salvador Gaviota de Richard Bach
Ojos azules de Toni Morrison
Mundo anillo de Larry Niven
Un mundo para Julius de Alfredo Bryce Echenique

1971
Nuestra pandilla de Philip Roth
Cartero de Charles Bukowski
Miedo y asco en Las Vegas de Hunter S. Thompson

1972
Los propios dioses de Isaac Asimov
Cita con Rama de Arthur C. Clarke

1973
Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa
Momo de Michael Ende
El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon
El desayuno de los campeones de Kurt Vonnegut

1974
Abaddón el exterminador de Ernesto Sábato

1975
El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez
El libro de arena de Jorge Luis Borges
Terra Nostra de Carlos Fuentes

1976
El beso de la mujer araña de Manuel Puig

1977
La tía Julia y el escribidor de Mario Vargas Llosa
El resplandor de Stephen King

1978
Mujeres de Charles Bukowski
La vida. Instrucciones de uso de Georges Perec
Casa de campo de José Donoso

1979
La historia interminable de Michael Ende
La zona muerta de Stephen King
Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams
La decisión de Sophie de William Styron

1980
La conjura de los necios de John Kennedy Toole
El nombre de la rosa de Umberto Eco
Queremos tanto a Glenda de Julio Cortázar

1981
Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez
La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa
Hijos de la media noche de Salman Rushdie
La vida exagerada de Martín Romaña de Alfredo Bryce Echenique

1982
La casa de los espíritus de Isabel Allende
Paisaje después de la batalla de Juan Goytisolo

1983
El entenado de Juan José Saer
Vida y época de Michael K. de J.M. Coetzee

1984
La insoportable levedad del ser de Milan Kundera
El amante de Marguerite Duras
Neuromante de William Gibson

1985
El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez
Trilogía de Nueva York 1. Ciudad de cristal de Paul Auster
Meridiano de sangre de Cormac McCarthy
Ruido de fondo de Don De Lillo
El perfume de Patrick Süskind
Beloved de Toni Morrison
El juego de Ender de Orson Scott Card

1986
La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza
It de Stephen King

1987
Tokio Blues de Haruki Murakami
Noticias del imperio de Fernando del Paso
La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe
Misery de Stephen KingSorgo rojo de Mo Yan

1988
La inmortalidad de Milan Kundera
El alquimista de Paulo Coelho
Los versos satánicos de Salman Rushdie

1989
El palacio de la luna de Paul Auster
Como agua para chocolate de Laura Esquivel
Los pilares de la tierra de Ken Follet

1990
Anochecer de Isaac Asimov
El misterio del solitario de Jostein Gaarder

1991
El evangelio según Jesucristo de José Saramago
El jinete polaco de Antonio Muñoz Molina
El mundo de Sofia de Jostein Gaarder
Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza

1992
Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez
Leviatán de Paul Auster
Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy
Corazón tan blanco de Javier Marías

1993
Lituma en Los Andes de Mario Vargas Llosa
Cuando ya no importe de Juan Carlos Onetti
La pasión turca de Antonio Gala
Trainspotting de Irvine Welsh

1994
Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez
Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías

1995
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami
Ensayo sobre la ceguera de José Saramago
No me esperen en abril de Alfredo Bryce Echenique

1996
Pulp de Charles Bukowski
El club de la lucha de Chuck Palahniuk
Estrella distante de Roberto Bolaño
El capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte

1997
Pastoral americana de Philip Roth
Mason y Dixon de Thomas Pynchon
Todos los nombres de José Saramago

1998
La identidad de Milan Kundera
Los detectives salvajes de Roberto Bolaño
Las particulas elementales de Michel Houellebecq
Me llamo rojo de Orhan Pamuk

1999
Sputnik, mi amor de Haruki Murakami
Desgracia de J.M. Coetzee

Te pintaré de azul, te pintaré de rosa
te llevaré a París , eres la mas hermosa
te pintaré de gris, te pintaré de cielo
te llevaré a mi mar, yo soy tu marinero.
Toda la noche entre sombras
buscando tu cara feliz
toda la noche llorando manchando el lienzo por tí
toda la noche llorando
maldigo el momento que te perdí
Te pintaré de azul, te pintaré de rosa
te llevaré…
y en el silencio de los silencios
la pava que corta el toro
caballo de esparto y oro
y en la verguenza de las verguenzas
los gritos de un negro toro
lamentos de grito y oro
Te pintaré de azul, te pintaré de rosa….
llévame una tarde al sur a mi … (ALMERIA) tierra
vamos a bailar tú y yo que hoy es un día de fiesta
yo seré siempre del sur, yo seré siempre del sur
yo seré siempre del sur y aunque no esté en mi tierra
te pintaré de azul, te pintaré de rosa…

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Me encanta París en mayo.

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El poder de la humildad

Sería curioso empezar este artículo ahondando un poco en el significado de la palabra “humildad”. La etimología nos dice que procede de “humus”, es decir, aquello que se desprende de la naturaleza y a que a su vez la fertiliza y la hace crecer. Sería pues “lo esencial”.
¿Qué es para ti esencial en tu vida? ¿Tu familia, tu trabajo, tus aficiones? Todos disponemos de ese algo que es verdaderamente importante para nosotros, nuestra verdadera esencia. El resto, es simplemente superficial. Pero hay que saber reconocerlo.
En ocasiones las personas no solo nos rodeamos de cosas artificiales, es posible que hasta nosotros mismos nos hayamos convertido, desgraciadamente, “en seres artificiales”. ¿Cómo evitarlo entonces?

PRACTICAR LA HUMILDAD
Hay quien dice que la humildad, sencillamente, consiste en callar nuestras virtudes y permitir a los demás descubrirlas por sí mismos. Es cierto, pero la dimensión de la humildad va mucho más allá.
Se trataría en primer lugar de una sencilla invitación a ver nuestras limitaciones y a saber reconocerlas. Para aprender, por ejemplo, primero hemos de asumir nuestro desconocimiento mediante el cual, asentar esos nuevos aprendizajes, esas nuevas experiencias. Si aceptamos nuestros propios límites tomaremos conciencia de todo aquello que nos queda por hacer o aprender. Quien cree que ya lo sabe todo no irá más allá, la soberbia engulle a la humildad y origina personas engreídas a la vez que resentidas.
Ser humilde no es ser débil o ingenuo, al contrario, nos aporta lucidez y una fuerza particular para ver las cosas en toda su realidad. Bien es cierto que en ocasiones puede ser complicado llegar a ver cuál es la verdadera esencia, el verdadero “humus” de nuestras vidas.
Estamos llenos de obligaciones, de presiones laborales, de proyectos que cumplir, de personas ante las que responder y no defraudar… En ocasiones nos sumergimos en una pequeña vorágine de dimensiones donde es complicado entrever lo que de verdad nos aporta la felicidad. Pero es aquí donde empieza la humildad: comprendiendo qué es importante por encima del resto de artificios.
Tu bienestar, tu familia y tú seréis siempre lo más importante. La humildad debe practicarse cada día, y el mejor modo de hacerlo es mediante unas sencillas preguntas ¿qué es lo que me hace verdaderamente feliz? ¿qué es lo que no desearía perder? ¿qué es lo que podría hacer para conseguir o mantener aquello que quiero?

LA HUMILDAD EN LAS PEQUEÑAS COSAS
Las personas humildes no se vanaglorian de sus éxitos. Practicar la humildad es un ejercicio diario que se mueve con la responsabilidad de hacer las cosas bien, de comprometerse, de hacer lo que toca y lo que es necesario.
Las cosas pequeñas son las que tejen los actos verdaderamente importantes, esos códigos sencillos que tanto nos aportan: una sonrisa, una palabra, un gesto de empatía… aspectos que se instalan en nuestra memoria y que nos aportan la verdadera felicidad.
Saber escuchar, saber entender los silencios, ser receptivos, cercanos, cómplices y sinceros, son características que definen a las personas humildes. Esas que tanta confianza nos aportan y donde deberemos buscar a los verdaderos amigos.
El valor de la humildad no requiere objetos materiales, las dimensiones “intangibles” son casi siempre las que nos aportan verdadero bienestar, verdadera felicidad. Y es aquí donde reside la verdadera calidad de vida… en las cosas sencillas. En el “humus” de nuestra esencia, ahí donde logramos desprendernos de todo lo que es superficial.
¿Qué tal si lo ponemos en práctica?

Por: Valeria Sabater

Me encanta París en mayo.
Me encanta París en mayo,
Cuando renacen los brotes,
q’une nueva juventud,
Abrumar de la ciudad vieja,
¿Quién va? irradiar
Me encanta París en mayo,
Cuando el invierno la dejaron,
Acariciada por el sol,
Estos viejos tejados,
Apenas despierto,
Me gusta sentir en las plazas,
En las calles o que pase,
Esta fragancia de lirios que caza,
El viento que pasa,
Me agrada caminar,
A escondidas por las calles,
A lo largo de la ciudad,
Me encanta París en mayo,
Me gusta el viento que me trae,
Todo tipo de ruidos,
Y los chismes que se vendía,
Puertas puertas,
Me agrada caminar,
Sonriendo las muchachas,
En las calles repletas,
Me gusta,
Me encanta París en mayo,
Me encanta París en mayo,
Con sus libreros,
Y acuarela,
Esa primavera renace
Como todos los años a lo largo de la línea de costa,
Me encanta París en mayo,
El Sena que riega,
Pequeñas mil cosas,
No podía explicar,
Me gusta cuando la noche
Extiende la paz en la tierra,
Y que la ciudad repentinamente iluminado,
Millones de luces,
Me agrada caminar,
Contemplando las ventanas,
La noche me fascina
Me gusta,
me encanta París en mayo.

Para Eva: FELICIDADES

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