Solo Vuelo… Vuelo

Transparencias y realidad
EN estos días se debate sobre la legitimidad de publicar las condenas por delitos fiscales o se divulga la renta de E. Aguirre y se anuncia un catálogo público sobre agresores sexuales, mientras otros piden el acceso popular al Registro Central de Penados, hoy solo abierto a jueces y policía. Además es raro el día que no se apela a la transparencia como un mantra de regeneración social. Pero tal mitificación de la limpidez no parece inocua, ni sana. Afecta, de forma acaso temible, al tipo de sociedad en el que aspiremos a vivir, como otearon Platón o Rousseau, ponderando, cada uno a su estilo, esa ciudad donde su gente era tan traslúcida que era imposible convivir, haciendo o diciendo algo que no pudieran ver u oír sus vecinos. Una utopía otrora legendaria que hoy, con las redes sociales, se empieza a imponer casi como ineludible. El científico D. Brin especuló en “La sociedad transparente”, sobre dos ciudades llenas de cámaras que lo veían todo. En una, solo la policía visionaba las imágines. Pero en otra, todos podían verse, todos observar a todos y cualquiera dirigir sus cámaras a cualquier otro, porque la trasparencia era total, la vigilancia recíproca, continua y sin límite: ¿Le gustaría vivir en alguna? Metáfora que glosa Byung-Chul Han, en “La sociedad de la transparencia”, para sugerir que una sociedad así, sería, quizás ya lo sea en cierta forma, una sociedad pornográfica, donde todo está expuesto como una mercancía, desnuda, sin secreto, lista para ser devorada; porque es una sociedad herida por la desconfianza que acude al control, como único medio de pervivencia; porque es una colectividad frágil donde los valores como la honradez y la lealtad, han perdido su significación y se impone la transparencia como único remedio social de flotación. Pero es una sociedad que olvida, ay, que quien siembra sospecha, solo cosecha falsías y que tal sobreexposición nos arroja en brazos de ese marketing que explota un capitalismo feroz, que satura y manipula los sentidos: que aliena.

Claro que queremos, yo también, información veraz, razones claras y luz, mucha luz sobre la cosa pública: ahí quiero transparencia nítida. Pero en la vida privada, pues no. A ella la prefiero con sus relatividades y dudas, con sus silencios, sus confidencias, sus afectos y, a ser posible, con algún sueño. Entre otras cosas, porque como decía TS.Eliot, el hombre no soporta demasiada realidad.

Artículo del “Diario de Almeria” escrito por JOSÉ Mª REQUENA COMPANY

LA FAMILIA BÉLIER
Dirección: Eric Lartigau.
Intérpretes: Louane Emera, François Damiens, Karin Viard, Eric Elmosnino, Roxane Duran.Género: comedia. Francia, 2014.Duración: 106 minutos.
Comedia de campiña francesa, con sus vacas y sus quesos, aderezada de unas gotas de screwball comedy americana a lo Preston Sturges, La familia Bélier se asienta en un conflicto principal fascinante: el hecho de que la hija adolescente, la única que puede hablar y oír, resulta ser una superdotada para el canto, talento que sus consanguíneos no pueden ni entender ni admirar. De modo que esa mezcla de originalidad y de valentía se alza por encima de una puesta en escena más bien tosca y de un concepto, el de “comedia más vista en Francia”, normalmente para echarse a temblar. Por una vez sus siete millones de espectadores parecen justificados en una naturalidad sin imposturas.

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