A veces llueve en el corazón

El 23 abril, 2010 publiqué este texto, que descubrí por casualidad.

En una breve conversación, un hombre le pregunta a una mujer: “¿Qué tipo de hombre estás buscando?”. Ella se quedó un momento callada antes de mirarle a los ojos y le preguntó: “¿De verdad lo quieres saber?”. El respondió: “Sí”.
Ella empezó a decir: “Siendo mujer en esta época, estoy en una posición de pedirle a un hombre lo que yo sola no puedo hacer por mí. Yo pago todas mis facturas. Yo me encargo de mi casa sin la ayuda de un hombre. Yo estoy en la posición de preguntar, ¿qué es lo que tú puedes aportar en mi vida?”
El hombre se la quedó mirando. El claramente pensó que ella se estaba refiriendo al dinero!. Ella rápido sabiendo lo que él estaba pensando dijo: “No me estoy refiriendo al dinero. Yo necesito algo más. Yo necesito un hombre que luche por la perfección en todos los aspectos de la vida”. El cruzó los brazos se acomodó en la silla y mirándola le pidió que le explicara…
Ella dijo: “Yo busco a alguien que luche por la perfección mental, porque yo necesito a alguien con quien conversar y que me estimule mentalmente. Yo no necesito a alguien mentalmente simple.
Yo estoy buscando a alguien que luche por la perfección espiritual, porque yo necesito a alguien con quien compartir mis inquietudes, mis creencias, mis incertidumbres…
Yo necesito a alguien suficientemente sensible para que me comprenda por lo que yo paso en la vida como mujer, pero suficientemente fuerte para darme ánimos y no dejarme caer.
Yo estoy buscando a alguien a quien yo pueda respetar, un hombre que pueda arreglar él mismo sus problemas. Yo no puedo ayudar a un hombre que no se puede ayudar a sí mismo”
Cuando terminó ella lo miró a los ojos y él se veía muy confundido y con interrogantes. El le dijo “Estas pidiendo mucho…”. Ella le contestó:
“ES QUE YO, VALGO MUCHO”.

A veces llueve en el corazón
y no sabes muy bien por qué.
A veces llueve y sale el sol,
llueve y no quiere llover
pero llueve.

Llueve en tu corazón y en ningún otro sitio,
sin prisa ni reposo.
A veces llueve y no hace barro.
Llueve sin rayos
y sin truenos.

Y el alma huye como un perro empapado
que no halla cobijo en ninguna parte.

A veces llueve
sin armar alboroto.
Llueve
y llueve
y llueve en el corazón.

Y hay leña en el hogar y plato en la mesa
y entre las sábanas duerme un sueño grato.

Pero nada de eso es suficiente.
Cuando quiere llover, llueve
y llueve
y llueve
y llueve en el corazón.

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