Estafados por el mundo

17 de marzo 2013 caceres 453-001

CADA día se oyen más gritos de más gente que se siente estafada por el mundo. Gente que transmite una difusa pero intensa percepción de que se les amamantó en las ubres de una vidorra de ocio fácil, de una sociedad de la abundancia y el bienestar y que ahora, al encapotarse las exigencias vitales, ven que nada era, ni por asomo, como parecía. Que detrás de tanto relumbrón no hay sino tiniebla. Y cunde una congoja general, una aflicción típica del síndrome de estafado: en estudiantes por títulos -técnicos o superiores-, hueros o sin mercado; en votantes por promesas políticas que ni se cumplen ni se purgan. De contribuyentes, ante tanto prócer con patente de corso fiscal. Por noticias que son mera propaganda aliñada. De consumidores por alimentos de genética parda o usuarios de arte plagiado y servicios masificados; de ciudadanos ante una justicia lenta e incierta, si reclaman su saqueo por una banca que en cada esquina desenfunda comisiones o preferentes sin preferencia; o como víctimas de publicidad engañosa, espectáculos o fútbol amañados. Estafados por el amor y por los sentidos, en fin, en este mundo cruel, -mas acá de lo inextricable del ser o el existir-, donde fermentó y prima la cultura del más hábil, en la falsía social, en esgrimir iconos y maquillajes ilusorios, en sofísticas vacuas para dorar la avaricia o la insulsez. Donde triunfan el asesor de imagen, el comunicador, el sociólogo y el perito del pego, las poses o las frases vanas pero impactantes. ¿Y quién puede rebelarse o sentirse a salvo de tanto embeleco cosmético que intoxica la política, el comercio, las ciencias y las conciencias o que hace su agosto entre las religiones? Quién. Y a riesgo de qué. Porque si al cabo alguno, de entre tanto pardillo y burlado, llega a espabilar un día acaso será para descubrir la más irritante de todas las patrañas como es la de advertir, por lo general cuando ya no tiene remedio, que también ha vivido estafado por sí mismo. Pero consuélense quien pueda: ese es un exótico privilegio exclusivo de quienes alcanzan cierto grado de esa sagacidad que, no es exactamente, pero, se asemeja a la sabiduría. Esa verosímil utopía de libertad intelectiva, tan cara y delicada, que solo florece en el árbol de la filosofía. Así que cultívelo y lea. Lea y piense, lea e ilústrese, lea y disfrute. Antes de gritar, lea un poco. Quizá sea el único antídoto eficaz ante el fraude del mundo.

Diario “El Almería” 5 de mayo 2013
“De reojo” Escrito por José María Requena

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