22 de mayo

DE REOJO
La democracia real se ejerce hoy

José María Requena

PUESTO que aún se respeta el ritual y se nos ofrece votar en este imperfecto régimen democrático -pero democracia al fin-, lo suyo es votar. Vote a éstos, aquellos o los otros. Sea coherente con su ideología, sus fobias, filias, intereses o sus humores; vote en plan rebelde o castigador, vote contento, triste o indignado, y hágalo a la derecha, a la izquierda, a los liberales, a los poetas o a los viscerales, pero por favor, vote. Mire que si no vota, permitirá a los estadistas profesionales, que expliquen su abstención como mejor les convenga a ellos, y sólo eso nos faltaba. Si no le gusta ningún candidato, vote al que crea menos malo. Y en todo caso, antes de abstenerse, vote en blanco, o incluso en clave de nulidad, pero acérquese a su sede electoral y vote, si es que conserva un mínimo de sentido común. Que apenas esto es lo que nos queda, o sea plantarnos ante la urna neutral, y aportar nuestro granito de arena para que la democracia, sin duda el menos malo de los sistemas políticos, siga creciendo a pesar de todo.

Y no crea que es poco, tener la oportunidad de pujar cómo o por quien nos salga del alma que hasta eso, votar por libre, no sabemos si un día habremos de añorarlo, como le ocurre a tantos y por tantos siglos. Y ya que no podemos, ni osamos, imponer los criterios y pautas que hacen a un sistema democrático digno de tal nombre al menos derrotemos siquiera por un día, al silencio de esa mediocridad vacía que nos atenaza el resto de años en que no hay ocasión ni de gruñir.

Use el lujo de opinar aunque dude del efecto, pero al menos goce del boato de decirle a los vividores de la política, ¡ojo, aquí sigo para algo más que para pagaros el sueldo! Acudamos con el gesto firme del ciudadano de a pie, sufrido y sumiso a la rutina colectiva del molerse ganándose la vida día a día, soportando impuestos e hipotecas, sin cuestionar, (ni poder, claro) lo que luego se hace con los unos o quienes se forran con las otras.

El músculo democrático se vigoriza con su ejercicio y queda fofo con el desuso. Y hasta el voto en blanco tiene mejor lectura de rechazo a la vulgaridad y la partitocracia, si fuera su caso, que la absurda abstención. Así que hoy no pierda de vista lo elemental: que voto y democracia son la misma cosa, un valor básico e ineludible para garantizar la convivencia, el respeto y la libertad.

Que no hay democracia sin elecciones, ni elecciones sin voto, ni voto si no hacemos uso de ese gran derecho, y gran deber. Y tras haber votado, piense y decida hasta donde se implica, o no, en apoyar, o inventar, alguna propuesta que tienda a vivificar esta democracia raquítica que sufrimos. Es también lo suyo, no crea.

Querido Jose:
Completamente de acuerdo contigo, como Casi siempre, como no podía ser de otra manera . Un beso

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