Tal vez hoy sea el día de hablar de “MERLUZOS”


HE oído decir que existen hoy más sabios vivos que la suma de todos los sabios habidos en la historia humana. Y quizás sea cierto, aunque sospecho que lo mismo podría predicarse sobre los necios, tanto en cantidad como en la calidad y variedad de sus sandeces. El miércoles pasado se publicó el decomiso de diez kilos de merluza inmadura, unos pocos ejemplares que de haber crecido, habrían generado hasta 125 millones de huevos. O sea un atentado más contra la vida marina, perpetrado por cuatro merluzos. Otra muestra más, entre tantas, del papanatismo, la avidez y el egoísmo torpe del tonto al uso, al que permitimos porfiar y reincidir una y otra vez -parece que durante 2010, se habrían incautado más de 660 kilos de inmaduro en Almería- entre la indiferencia social y la pereza de los gobernantes a la hora de concienciar sobre la grave devastación a la que la ciencia, y tanto sabio como hay, nos dice que estamos sometiendo al planeta. Y la gravedad del problema es que no se trata sólo de una minoría de sátrapas pesqueros. Es problema porque el mismo tipo de abusos y excesos, ocurren en casi todos los sectores, por minorías cada vez más amplias. Y es grave porque la historia está llena de ejemplos de civilizaciones colapsadas o extinguidas -desde la Rapa Nui de la Isla de Pascua, a la Nazca o la Maya- por la deforestación y su agresión al hábitat. Y lo peor de todo, es que siendo hoy la ciencia capaz de acreditarnos, de forma rotunda e inequívoca, que este mundo absurdo, en su formato actual, es inviable, en tanto resulta imposible que todos los humanos tengan, siquiera, lo que en Europa representaría un nivel mínimo de consumo, ni gobiernos, ni ciudadanía, ni sabios, nadie se inmuta. Y no se trata de jugar a catastrofismos de salón, sino de constatar que se va difuminando algo tan básico como la mínima educación y cultura cívica exigible, entre la indolencia general. Chorizos y aprovechados los hubo y habrá siempre. Pero no al punto de que hasta la Administración y la sociedad toda sea no ya indolente, sino que incluso premie, el pesquis de la pillería frente a la cultura del mérito y la dignidad. Tolere que la honradez personal y la coherencia sucumban frente al oportunismo y la arbitrariedad. Se confunda libertad con insolencia o igualdad con vulgaridad. Y aún se ensalce como algo prestigioso el logro sin esfuerzo de cualquier pelotazo u ocasión de lucrarse, al margen de que la forma o el fondo, o ambos, sean contrarios a la ética más elemental. Vivimos en un vértigo oportunista y abusador, sumidos en una cultura, en una época, que a pesar de tanto sabio suelto, está toda ella para carne, o merluzada ya digo, de psiquiatra.

Artículo que aparece hoy en “El Almeria” con el título “Merluzos de psiquiatra” de mi buen amigo José María Requena.

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