“Casi El Amor”

PUES sí, amigo Larra, tal y como casi auguraste, resulta que en esta casi conmemoración, que no celebro, del ya casi bicentenario de tu casi adiós a este casi país llamado España, las costumbres inciviles, la burocracia perezosa, la educación exigua y eternamente casi a punto de enderezarse, como los cementerios y esos casi todo lo demás que tanto te dolía, siguen casi igual. Y casi lo mismo nos sigue doliendo a casi ninguno de los que bullimos por esta sociedad tan vacua y farsante como aquella tuya de la que, deprimido y harto de satirizar, desertaste casi tan raudo como un tiro. Y de la política con los casi héroes y casi ineptos de siempre, qué te digo. Pues que tenemos un Presidente en casi pesadilla política por una crisis de confianza y palabras, y al que ni hacer zapatos ya le dejan. Pero sí presidir un gobierno de marchamo progresista, aunque como entonces ¿recuerdas?, vive también casi asustado y reculando con casi medidas de transición y transacción propias de esa derecha de siempre que hoy llaman neocón. Eso sí, avistando la casi esperanza segura de crecer casi lo bastante para crear casi empleo un poco antes de las casi elecciones. O sea, igual. Y el amor, del amor, amigo Larra, de ese don casi divino que tanto idealizaste, que tanto te apasionó y por el que tanto sufriste, qué podría contarte. Acaso te admire saber que según la biología moderna todas las pasiones, eran meros vaivenes en la concentración de neurotransmisores que según mermen o abunden, te deprimen o euforizan. Y el amor, pásmate, sólo una fórmula neurobiológica de algo llamado vasopresina que ahora los perfumistas quieren remedar para mercadearla y forrarse. Porque con su aroma se podrá engatusar la emoción enamorada. Y quien la prueba sucumbe cual topillo en el arrebato genital, que lo demás son gaitas, dicen. Y cualquiera seducirá a cualquiera con esas casi fragancias que serán casi el amor mismo. Y hasta casi se podrá graduar la pasión al gusto propio. ¿Quiere un 70% de cariño o le vale con un 50% de empatía? Variará el precio seguro y quizá la dosis, si es para una noche, el fin de semana o todo un puente. Y bueno por ahí vamos, a rebufo de un romanticismo desconcertado, vasallo del consumismo insaciable que potencia un día de San Valentín para vender flores, dulces o viajes, y a la vez oferta antiregalos del antiSan Valentín para que otros se consuelen chupando caramelos agridulces, enviando flores marchitas, o vayan a discotecas prestas para celebrar solterías o divorcios. El caso es que se festeje algo. Pagando, claro. Nada que ver, amigo, con ese amor tuyo que no conocía festividad ni más razón para amar, que el amor mismo. Casi nada.

de reojo

Casi el amor

José María Requena

Gracias Jose; Siempre y no “Casi” . He dicho “Siempre” es un placer leerte.

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