El Valor del Silencio

La palabra expone y nos relaciona con nosotros mismos y con los demás. El silencio nos puede separar de los otros, pero también nos puede conectar con nuestro ser y, en ocasiones, se hace necesario para poder escuchar lo que nos sucede. Las palabras nombran lo que sentimos, controlan y limitan nuestros sentimientos y se pronuncian sobre un fondo de silencio necesario.

Todos los silencios hablan y sería bueno escucharlos. Algunos muestran una dificultad de poner palabras a lo que se siente o a las ideas que se tienen en relación al otro. Hay personas que no saben “guardar silencio” porque son demasiado narcisistas o demasiado neuróticas para ver más allá de sí mismas. Otras lo hacen porque saben escuchar lo que el otro tiene que decir, o lo buscan porque también son conscientes de cómo escucharse a sí mismas y no le tienen miedo a estar solas.

Algunas personas no soportan el silencio, les pone muy nerviosas, les parece que si callan pueden resultar sosas o torpes, lo sienten como un vacío insoportable que hay que llenar.

El silencio tiene el valor del sentimiento, puede ocultar el amor, pero también el odio hacia alguien, puede estar al servicio de guardar un secreto que hace daño, de encontrarse con uno mismo y reflexionar sobre un mundo interno que se siente invadido por lo externo.

Se puede callar para no dañar a alguien, para buscar las palabras que más le alivien, por rencor, para mostrarle que no queremos compartir nada con él, para desconcertar al otro porque de ese modo ignora lo que pensamos y porque ante nuestro silencio se vuelve impotente. Con todo, el peor de los silencios es el interior, que provoca un sentimiento de vacío y desazón, y que se produce porque lo que se siente se reprime, se tiene hacia ello una crítica que no deja que esas ideas y afectos se hagan conscientes.

Entonces, para no sentirnos invadidos por ideas y afectos negativos, que provocarían una bajada de la autoestima, silenciamos nuestra mente y sentimos el mundo interno deshabitado de recuerdos, vivencias y deseos que pondrían sonido a nuestra vida.

26 nov 2010
Mujerhoy.com – Isabel Menéndez

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