Jardines impresionistas


En pleno s.XIX la burguesía recuperó el gusto por la vida natural iniciado por las clases altas europeas poco antes. Un entusiasmo exacerbado por los adelantos en botánica y biología que, favorecidos por las especies del Nuevo Mundo, supusieron un elemento más con el que cohesionar esta redescubierta pasión. La pintura se convirtió, como no podía ser de otro modo, en testigo de esta moda: una nueva forma de pintar -el impresionismo- vió la luz, originando una pintura luminosa, moderna y casi fotográfica, que encontró en jardines y huertos sus temas de inspiración. El Museo Thyssen-Bornemisza ( Madrid, España ) recoge ahora algunos de los más excepcionales ejemplos de esta tendencia en una muestra que incluye piezas de impresionistas reconocidos, precedentes y seguidores, concretados en nombres como Manet, Monet, Pissarro, Renoir, Sisley, Caillebotte, Berthe Morisot, Delacroix, Corot, Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Klimt, Munch o Emil Nolde.

La exposición presenta un recorrido por el tema del jardín en la pintura desde mediados del s.XIX hasta comienzos del s.XX, con una completa representación de la pintura impresionista. Ha sido organizada por el Museo Thyssen en colaboración con la Fundación Caja Madrid y la National Gallery de Edimburgo, y ha sido comisariada por Michael Clark, director de esta institución, Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, y Clare Willsdon, profesora de la Universidad de Glasgow y autora del libro In the Gardens of Impressionism (Thames and Hudson, 2004).

La muestra no precisa sin embargo mayor aval que el que concede el plantel de primeras figuras del arte reunidas para la ocasión: impresionistas como Manet, Monet, Pissarro, Renoir, Sisley, Caillebotte o Berthe Morisot, obtienen la réplica de precursores como Delacroix y Corot, y de grandes pintores de la generación siguiente, como Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Klimt, Munch y Nolde, entre muchos otros. En total, pueden verse más de 130 obras maestras, que se han repartido entre las salas del Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid.

Un conjunto que incide en la propia plasticidad de la corriente pero, asimismo, en sus lugares comunes: el interés por los jardines y la horticultura de muchos de sus representantes, la inauguración de parques públicos, que dotarán de temas a estos autores e, incluso, espacios para el ejercicio de la pintura, la búsqueda de la luz y el color, o el descubrimiento de nuevas plantas y flores, que posibilitarán variedad en las naturalezas muertas. Una aproximación que, en el caso de los impresionistas, girará en torno a tres ejes contrapuestos: la ciudad y el campo, lo público y lo privado, y lo decorativo y lo productivo.

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